Noticias / Deporte y entretenimiento

Estados Unidos y Portugal se van, y el Mundial entra en otra temperatura

El Mundial 2026 cerró una noche de octavos con dos golpes enormes: Bélgica eliminó 4-1 a Estados Unidos en Seattle y España dejó fuera a Portugal con un 1-0 que puede haber sido el último partido mundialista de Cristiano Ronaldo.

Estados Unidos y Portugal se van, y el Mundial entra en otra temperatura

El Mundial 2026 amaneció el 7 de julio con una sensación distinta: ya no alcanza con ser anfitrión, histórico o favorito emocional. Estados Unidos quedó fuera en Seattle después de una derrota 4-1 ante Bélgica, y Portugal se despidió en Dallas con un 1-0 ante España que dejó a Cristiano Ronaldo, a los 41 años, caminando hacia una salida que suena a final de época. En una sola tanda de octavos, el torneo perdió a uno de sus países sede y a una de sus figuras más reconocibles.

La caída estadounidense fue seca, de esas que no dejan demasiado espacio para el consuelo. Bélgica pegó con precisión, aprovechó errores defensivos y transformó una noche que prometía ser celebración local en un recordatorio brutal de jerarquía competitiva. Charles De Ketelaere abrió el partido como protagonista, Hans Vanaken amplió el daño y Romelu Lukaku terminó de cerrar una goleada que no solo clasificó a los belgas a cuartos: también desarmó la narrativa del salto definitivo de la selección de Mauricio Pochettino en casa.

La previa había quedado contaminada por el ruido alrededor de Folarin Balogun, autorizado a jugar después de una controversia disciplinaria que levantó críticas fuera y dentro del ecosistema mundialista. Pero el partido terminó diciendo otra cosa más simple y más dura: Bélgica fue mejor. El intento de Estados Unidos de convertir el Mundial propio en una plataforma de madurez chocó contra una selección que manejó mejor los momentos de presión y castigó cada desconexión como si no hubiera margen para aprender.

En Dallas, el golpe tuvo otro tono. Portugal no fue arrasado, pero cayó ante España por un gol tardío de Mikel Merino en el tiempo añadido. La Roja ganó el derbi ibérico con paciencia, posesión y una última estocada que convierte el cruce de cuartos ante Bélgica en uno de los partidos grandes de la siguiente ronda. Para Portugal, en cambio, el resultado abre una pregunta que no necesita demasiadas vueltas: si este fue el último Mundial de Cristiano, la despedida llegó sin épica final, sin tanda heroica y sin revancha posible.

La jornada importa también para el público latino porque reordena la forma de mirar el torneo. México ya había quedado fuera, Estados Unidos acaba de perder el sueño de su Mundial en casa y Canadá también dejó la competencia. La Copa organizada por Norteamérica empieza a quedarse sin anfitriones en la cancha justo cuando entra en su parte más áspera. Eso le da más peso emocional a lo que hagan Argentina y Colombia, que todavía cargan con una parte fuerte de la atención regional.

El fútbol de selecciones suele venderse como relato de identidad, pero los octavos están recordando que la eliminación directa no respeta campañas de marketing, estadios llenos ni despedidas sentimentales. Bélgica no fue invitada a la fiesta estadounidense: fue a apagarla. España no esperó a que Cristiano encontrara otra escena para la memoria: le cerró la puerta con un gol al final.

Lo que viene tiene una temperatura más alta. España y Bélgica se cruzarán con confianza renovada, mientras el resto del cuadro termina de acomodarse con Argentina-Egipto y Suiza-Colombia. La Copa todavía conserva nombres enormes, pero ya perdió algunas de sus postales más vendibles. El Mundial sigue, sí, pero desde hoy se siente menos como festival continental y más como territorio de supervivencia.

Fuentes consultadas