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Venecia 2026 arma un jurado que mira al cine desde muchos bordes

La Bienal de Venecia completó el jurado internacional de su competencia principal para 2026, presidido por Maggie Gyllenhaal e integrado por figuras como Kaouther Ben Hania, Daniel Blumberg, Shahrbanoo Sadat y Johnnie To.

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Venecia empezó a dibujar el tono de su edición 2026 antes incluso de mostrar las películas. La Bienal confirmó el jurado internacional de la competencia principal y la lista funciona como una primera pista de lo que el festival quiere poner en juego: una conversación amplia, atravesada por cine de autor, memoria política, música, industria asiática, mirada académica y trayectorias que no entran cómodamente en una sola etiqueta.

La presidencia ya estaba en manos de Maggie Gyllenhaal, una figura que llega con doble lectura. Para el público general sigue siendo una actriz reconocible, ligada a décadas de cine independiente y producción de prestigio. Para el circuito festivalero, su paso como directora con The Lost Daughter la instaló como una voz autoral con sensibilidad literaria y una relación cercana con Venecia. Al frente del jurado, no aparece solo como celebridad: aparece como alguien que conoce el peso de exponerse al juicio de un festival y también la fragilidad de una ópera prima ambiciosa.

La composición completa abre todavía más el plano. Kaouther Ben Hania aporta una mirada marcada por el cruce entre ficción, documental y heridas políticas contemporáneas. Daniel Blumberg llega desde la música y la composición, un lugar que suele quedar en segundo plano cuando se habla de premios mayores, pero que cambia la manera en que una película respira. Shahrbanoo Sadat suma una experiencia de cine nacida desde Afganistán y desde el exilio de imaginarios muchas veces reducidos a titulares de conflicto. Johnnie To representa una tradición de cine de género, precisión visual e industria hongkonesa que ha influido a directores de varias generaciones.

El jurado también incluye al teórico Francesco Casetti y al cineasta francés Xavier Giannoli, dos nombres que refuerzan la idea de una mesa menos homogénea de lo habitual. No se trata solo de reunir nacionalidades distintas, sino de juntar formas diferentes de entender qué puede premiarse: una película por su construcción narrativa, por su riesgo formal, por su pulso político, por su actuación, por su sonido, por su relación con el presente o por la manera en que abre camino a otras obras.

Ese detalle importa porque Venecia llega cada año con una presión doble. Por un lado, sigue siendo un festival de descubrimiento, prestigio y discusión cinéfila. Por otro, es una plataforma central en la temporada de premios internacionales, una vitrina donde muchas películas empiezan a construir el relato que después puede acompañarlas hacia los Oscar, los Goya, los César o las conversaciones de crítica global. El jurado no decide solo ganadores: ayuda a señalar qué tipo de cine merece atención en un calendario saturado.

Para el lector latinoamericano, el anuncio también tiene un costado práctico. Antes de que se revele la selección oficial, el jurado permite intuir qué sensibilidades podrían pesar cuando llegue la hora de premiar. Un grupo así puede estar más abierto a películas que mezclen lenguaje documental y ficción, a obras con memoria histórica, a propuestas musicales o sonoras fuertes y a narrativas que no respondan únicamente al molde industrial estadounidense.

La edición 83 del Festival de Venecia se celebrará del 2 al 12 de septiembre. Todavía falta conocer la programación, las estrellas que caminarán la alfombra roja y las películas que saldrán del Lido con impulso internacional. Pero con este jurado, Venecia ya dejó una primera señal: la discusión de 2026 no quiere quedarse en una sola tradición de cine.