En un mapa a escala 1:50 000, dos centímetros representan un kilómetro sobre el terreno en proyección horizontal. La misma separación de papel representa otra distancia si cambia la escala. Además, la medida en línea recta no incluye las curvas del camino ni el desnivel. Por eso, antes de comparar dos trayectos, hay que comprobar qué mapa se está usando y qué se ha medido en él.
La leyenda explica los símbolos. Una línea discontinua puede representar un sendero en un mapa y un límite en otro; el color azul puede indicar un río, un lago o distintas profundidades marinas. Los signos no se interpretan solo por su apariencia. Un atlas reúne mapas con finalidades diferentes, de modo que también pueden cambiar la escala y los criterios utilizados para seleccionar la información que aparece.
Las coordenadas geográficas permiten indicar posiciones mediante ángulos. La latitud se mide respecto del ecuador y señala la posición al norte o al sur. La longitud se mide respecto de un meridiano de referencia, habitualmente el de Greenwich, hacia el este o el oeste. Los paralelos unen puntos de igual latitud y los meridianos conectan los polos. Un número de grados sin indicar a qué coordenada corresponde resulta insuficiente para localizar un punto.
Representar la superficie curva de la Tierra en un plano introduce deformaciones. Las proyecciones cartográficas permiten hacerlo conservando determinadas propiedades y alterando otras. Un mapa adecuado para comparar superficies puede servir peor para otros fines. La brújula aporta una referencia distinta: su aguja se alinea con el campo magnético local. La diferencia angular entre esa dirección y el norte geográfico se llama declinación magnética y varía según el lugar y el tiempo.
Un receptor GPS calcula su posición a partir de señales emitidas por satélites. Las señales incluyen información de tiempo y posición orbital; el dispositivo usa esas mediciones para estimar dónde está. Edificios, obstáculos y otras condiciones pueden afectar el resultado. Mostrar después esa posición sobre un mapa y proponer una ruta son tareas adicionales de la aplicación. Una posición bien calculada no garantiza que un camino representado siga abierto o pueda recorrerse.
Las referencias del entorno permiten contrastar la representación: un puente, una plaza o una confluencia de calles deberían guardar la relación espacial indicada en el plano. Si no coinciden, conviene revisar la ubicación, la orientación del mapa y su fecha. Ese contraste permite detectar tanto un error de lectura como información cartográfica que ha quedado desactualizada.