Limpiar un canal de riego puede exigir acuerdos entre varias familias: hay que decidir cuándo hacerlo, quién participa y cómo se organiza la tarea. En comunidades quechuas, las faenas colectivas forman parte de la gestión de recursos compartidos. El ayllu es una forma histórica de organización vinculada al parentesco, pero las comunidades actuales no tienen una estructura idéntica en toda la región. Sus autoridades, actividades y relaciones territoriales responden también a cambios históricos y a las necesidades particulares de sus integrantes.
La agricultura andina combina técnicas adaptadas a distintas alturas. Las terrazas permiten disponer de superficies de cultivo en laderas; los sistemas de riego distribuyen el agua, y la selección de variedades ayuda a aprovechar condiciones locales. Papa y quinua forman parte de una larga historia de domesticación. La altura, las heladas y la disponibilidad de humedad limitan lo que puede cultivarse en cada sitio. Por eso una técnica útil en un valle no se aplica de la misma manera en la puna: el conocimiento agrícola incluye reconocer esas diferencias.
Tiwanaku, cerca de la orilla sur del Titicaca, fue un centro político y ceremonial cuyo apogeo se sitúa entre los años 500 y 900 de nuestra era. Su arquitectura monumental pertenece a una sociedad anterior a la expansión inca. El complejo conservado incluye construcciones de piedra y sistemas de drenaje que controlaban el agua de lluvia. Muchas áreas de la antigua ciudad se encuentran bajo el poblado moderno. El estudio arqueológico necesita distinguir las etapas de ocupación, además de interpretar los monumentos más visibles del lugar.
Los pueblos andinos también forman parte de la vida de las ciudades. La población aimara tiene presencia histórica en Bolivia, Perú y Chile, y las migraciones han ampliado sus espacios de residencia y trabajo. En Lima, por ejemplo, personas procedentes de Unicachi consolidaron asociaciones y establecimientos comerciales, manteniendo relaciones con sus localidades de origen. Las fiestas y los encuentros familiares ayudan a sostener esos vínculos. Hablar aimara, trabajar en el comercio urbano y participar en una celebración comunal pueden formar parte de una misma trayectoria personal; la identidad indígena no se limita a vivir en el campo.