Puzzles temáticos / Sopa de letras
Sopa de letras: Figuras literarias y recursos del lenguaje
Ejemplos de metáfora, símil, hipérbole y repetición para reconocer qué cambia en una frase.
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Arrastra en línea recta o toca la primera y la última letra para marcar una palabra.
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- Tema
- Figuras literarias y recursos del lenguaje
- Dificultad
- Media
- Publicado
- 7 de julio de 2026
- Tablero
- 10x10
- Contenido
- 14 palabras
Sobre este puzzle
Para entrar en tema
«El pasillo era un horno» y «el pasillo estaba caliente como un horno» describen una misma sensación con recursos diferentes. La primera frase es una metáfora: identifica el pasillo con un horno por el calor que comparten. La segunda es un símil, pues presenta la comparación de forma explícita. Ninguna pretende informar de que allí se cocinaba; ambas permiten imaginar el ambiente sin indicar una temperatura.
La hipérbole exagera una cantidad o una cualidad. En «te esperé mil años», la duración desmedida expresa impaciencia. La personificación atribuye acciones o rasgos humanos a otros seres o a cosas: «la puerta protestó al abrirse» convierte un chirrido en una queja. El contexto decide si esos recursos resultan cómicos, inquietantes o afectuosos. Una puerta que protesta puede parecer simpática en un cuento y amenazadora en una escena de suspense.
Otros recursos trabajan con la repetición. «Aquí jugábamos, aquí discutíamos, aquí aprendimos a leer» repite una palabra al inicio de varios enunciados: es una anáfora. Esa estructura insiste en la importancia del lugar. La aliteración repite sonidos; en «Sofía susurra sin cesar», las eses hacen que la frase recuerde un susurro. El efecto depende también de cómo se lea en voz alta y de las palabras que la rodean.
La rima y el ritmo están relacionados, pero no son equivalentes. La rima repite sonidos al final de los versos desde la última vocal acentuada. El ritmo puede apoyarse en acentos, pausas, extensión de las frases y repeticiones, incluso cuando no hay rima. Una narración en prosa también cambia de ritmo: varias oraciones breves pueden acelerar una persecución; una descripción más pausada puede detener la atención en un objeto.
Estos procedimientos aparecen fuera de la poesía. Un anuncio puede exagerar la rapidez de un servicio, un discurso puede repetir una promesa y una conversación puede describir un problema como una montaña. Reconocer el recurso ayuda a precisar qué hace cada frase: cuánto afirma literalmente, qué invita a imaginar y qué emoción intenta provocar. La presencia de una metáfora, por sí sola, no demuestra que el mensaje sea verdadero o falso.
Al revisar un texto propio, se puede probar una misma idea de varias maneras. «La habitación estaba desordenada» informa; «la habitación parecía un mercado después del cierre» añade una escena. La segunda versión sirve si ese detalle encaja con lo que se quiere contar. Si desvía la atención o repite una imagen ya usada, la frase directa puede funcionar mejor.