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Lluvias de estrellas 2026: fechas y cómo verlas desde América Latina

El segundo semestre de 2026 reúne varias lluvias de meteoros, con noches especialmente favorables para las Perseidas y las Gemínidas. La visibilidad cambia entre el norte y el sur de América Latina.

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Para observar una lluvia de estrellas basta con mirar a simple vista desde un lugar oscuro. Los meteoros cruzan distintas zonas del cielo y duran pocos segundos, así que un telescopio o unos binoculares, con su campo de visión reducido, suelen ser menos útiles. La cantidad visible depende de la latitud, la altura del radiante, las nubes y la luz de la Luna.

Este calendario recoge las principales lluvias entre julio y diciembre de 2026. Las fechas corresponden a sus máximos previstos, pero la actividad se extiende durante varias noches. Las tasas por hora son referencias calculadas para condiciones ideales; desde una ciudad normalmente se verá una cantidad menor.

Las Delta Acuáridas del Sur tuvieron su máximo previsto alrededor del 30 de julio. Su radiante se eleva mejor al sur del ecuador, por lo que favorecen a países como Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay. Pueden producir cerca de 25 meteoros por hora bajo condiciones perfectas, aunque la Luna brillante de 2026 dificultó ver buena parte de los trazos más débiles. En esas fechas también estuvieron activas las Alfa Capricórnidas, menos numerosas pero capaces de sumar algunos destellos lentos.

Las Perseidas tuvieron su máximo previsto entre el 12 y el 13 de agosto. El calendario técnico sitúa el pico el día 13 y calcula hasta 100 meteoros por hora en condiciones ideales. La Luna nueva favoreció un cielo especialmente favorable. México, el Caribe y las zonas más septentrionales tienen mejor perspectiva; desde el hemisferio sur el radiante de Perseo aparece bajo y poco antes del amanecer, de modo que la ventana de observación es más corta y la cantidad visible, menor.

Las Oriónidas estarán activas durante buena parte de octubre y alcanzarán su mejor tramo entre las madrugadas del 21 al 23. Nacen del polvo dejado por el cometa Halley y pueden verse desde ambos hemisferios, con una tasa ideal cercana a 20 meteoros por hora. En noviembre, las Táuridas ofrecerán una actividad modesta pero prolongada, y las Leónidas tendrán su máximo alrededor del 17 y 18, con una Luna que no debería arruinar la observación.

Las Gemínidas tendrán su máximo alrededor del 14 de diciembre. La tabla de la American Meteor Society usa una tasa ideal de 120 meteoros por hora y prevé poca interferencia lunar. Son una buena oportunidad para observar desde ambos hemisferios, aunque la altura que alcanza el radiante y el tiempo que permanece visible disminuyen hacia las latitudes más australes.

Las Úrsidas, alrededor del 21 y 22 de diciembre, despedirán el calendario. Son más débiles, favorecen al hemisferio norte y en 2026 competirán con una Luna brillante, por lo que quedan como una opción secundaria frente a las Gemínidas.

Conviene elegir un espacio seguro, abierto y alejado de las luces urbanas. Los ojos necesitan tiempo para adaptarse a la oscuridad, alrededor de 20 a 30 minutos; consultar una pantalla brillante dificulta esa adaptación. Una silla reclinable o una manta permiten mirar durante más tiempo sin forzar el cuello. Es mejor abarcar una zona amplia que fijarse únicamente en la constelación de la que parecen salir los meteoros.

Para muchas lluvias, las horas posteriores a la medianoche ofrecen mejores condiciones porque el radiante está más alto. Aun así, el horario adecuado cambia según la lluvia y la ubicación. Antes de salir hay que comprobar la nubosidad, la salida de la Luna y la altura del radiante para esa localidad. Un máximo intenso sirve de poco si coincide con el cielo cubierto o con el radiante bajo el horizonte.