Las gotas que aparecen por fuera de un vaso frío no han atravesado el vidrio. Proceden del vapor de agua del aire, que pasa al estado líquido al enfriarse junto a la superficie. Es condensación, el mismo cambio de estado que interviene en la formación de muchas nubes. El vapor es invisible; lo que vemos en una nube son pequeñas gotas, cristales de hielo o una mezcla de ambos.
Después de una lluvia, el agua tampoco sigue una sola ruta. Parte queda sobre hojas y tejados, parte corre por la superficie y otra parte penetra en el suelo. Un charco puede evaporarse antes de llegar a un río. El agua absorbida por las raíces puede atravesar una planta y volver a la atmósfera mediante la transpiración. Los diagramas reúnen estos recorridos, pero no indican una secuencia obligatoria que deba completar cada gota.
La infiltración depende de las características del terreno y de su estado. Un suelo ya saturado tiene menos capacidad para recibir agua adicional. Las superficies impermeables, como muchos pavimentos y tejados, reducen la entrada de agua al suelo y favorecen que salga rápidamente hacia cunetas y desagües. La pendiente, la vegetación y la intensidad de la lluvia también influyen. Por eso una misma precipitación puede producir respuestas diferentes en una zona urbanizada y en otra con suelo permeable.
Bajo tierra, el agua ocupa poros y fracturas. Un acuífero es una formación geológica que puede almacenar y transmitir agua; no es el nombre de una corriente que se mueve como un río subterráneo. Hay lugares con grandes cavidades, pero no representan todos los acuíferos. La velocidad de circulación cambia mucho según la roca, las conexiones entre sus espacios y la diferencia de presión entre unos puntos y otros.
El agua subterránea y los ríos pueden intercambiarse. Un tramo de río recibe aportes del subsuelo cuando las condiciones permiten que el agua salga hacia su cauce; en otro tramo, el río puede perder agua por su lecho. Esta conexión ayuda a explicar por qué algunos cursos siguen fluyendo después de varios días sin lluvia. Para conocer el balance de una cuenca se estudian tanto las entradas y salidas como el agua almacenada en suelo, nieve, lagos y subsuelo.